A continuación mencionamos algunos padecimientos que pueden tratarse o acompañarse con CBD, siempre bajo supervisión y dosificación médica.
La epilepsia afecta al 1.5% de la población mundial. Un tercio sufre epilepsia refractaria, que no responde a los tratamientos convencionales. El uso de cannabidiol (CBD) en el tratamiento de la epilepsia se ha extendido a partir de la investigación preclínica y clínica y de relatos de mejorías significativas en síndromes como Dravet, Lennox-Gastaut, Doose y West.
En pacientes en tratamiento con CBD se verifica una reducción de las crisis —en general mayor al 50%, hasta la cesación total— además de mejorías a nivel emocional, cognitivo, motor y en la socialización. La medicación convencional no debe suspenderse bruscamente, sino ajustarse bajo control médico.
El CBD es un antiinflamatorio y antioxidante efectivo también a nivel del sistema nervioso central, donde el cúmulo de placas y ovillos neurofibrilares genera neuroinflamación y estrés oxidativo. Los estudios se centran en su uso a medio y largo plazo para tratar la sintomatología.
El efecto ansiolítico del CBD ayuda a controlar la ansiedad e inducir el sueño; en muchos casos se asocia THC para el insomnio o la agitación nocturna. Familiares y cuidadores reportan mejorías en lenguaje, orientación, comunicación y estabilidad emocional, según la fase de la enfermedad.
La esclerosis múltiple es una enfermedad autoinmune del sistema nervioso que afecta al cerebro y la médula espinal. El CBD juega un rol primordial como tratamiento coadyuvante para disminuir los espasmos musculares.
Está comprobado que las propiedades medicinales de los cannabinoides reducen el dolor, mejoran las perturbaciones del sueño y ayudan con problemas de incontinencia. Un estudio en la Universidad de Catania encontró que, tras el primer mes de tratamiento, el 61.9% de los pacientes disminuyó síntomas como calambres o espasmos nocturnos.
La enfermedad de Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más común. Los ganglios basales, afectados en la enfermedad, cuentan con una gran densidad de receptores cannabinoides CB1, relacionados con el control del movimiento.
La evidencia observacional sugiere mejoría en síntomas secundarios (sueño, dolor, ánimo). Compuestos con mejor perfil farmacológico, como la Δ9-THCV combinada con CBD, podrían resultar útiles y requieren más investigación clínica.
El cannabis puede aliviar síntomas de las enfermedades inflamatorias intestinales como el dolor abdominal, la pérdida de apetito y la diarrea, y hay indicaciones de que contrarresta activamente la inflamación causada por la colitis ulcerosa.
El CBD, por su efecto analgésico y antiinflamatorio, ha sido identificado como un agente terapéutico prometedor. Su combinación con THC en dosis bajas puede ser aún más efectiva, con menos efectos secundarios.
La fibromialgia se asocia al dolor crónico generalizado, el cansancio y la sensibilidad excesiva al dolor. Dado que es difícil de controlar con analgésicos, muchos pacientes buscan alivio con cannabinoides.
Se ha demostrado que los derivados del cannabis tienen efectos beneficiosos sobre el dolor y la rigidez muscular, mejorando la calidad de vida. Diversos estudios reportan mejoría del dolor y aumento del bienestar general tras la administración de cannabis.
El cannabis puede usarse como complemento del tratamiento oncológico con tres objetivos: aliviar los efectos secundarios de la quimio y radioterapia (náuseas, vómitos, falta de apetito, dolor); aliviar síntomas de la enfermedad y su impacto, incluido el uso paliativo en etapas terminales; y como posible agente antitumoral.
Aumenta la eficacia de los tratamientos protocolizados para distintos cánceres y se recomienda como parte de un abordaje oncológico integral. La eficacia aislada de los cannabinoides sería menor que los tratamientos estándar.
El dolor crónico tiene una duración superior a 3-6 meses y puede persistir aun si la causa ha desaparecido. La activación de los receptores cannabinoides presentes en la médula y el cerebro inhibe la transmisión de las señales dolorosas.
El sistema endocannabinoide se localiza junto al sistema opioide, y se ha observado un efecto sinérgico entre ambos. El cannabis vaporizado puede aumentar los efectos analgésicos de los opioides, permitiendo reducir sus dosis y efectos secundarios.